Cultivando el fuego del corazón

“La pregunta esencial es: ¿Tenemos la disciplina para ser libres? “.
Gabrielle Roth

El sentido primordial de nuestra vida y de todo el trabajo personal que necesitamos realizar, tiene como objetivo el asumir nuestra propia humanidad. En el proceso de lograrlo, vamos reconociendo la importancia de nuestra fuerza vital o prana.

Durante el periodo tántrico, el cuerpo se vuelve trascendente y se le da un sentido y valor sagrado, porque toda la materia está dotada de conciencia. Parte de nuestro trabajo consiste en asumir esta realidad en nuestra vida cotidiana.

Nos cuenta Shiva Rea que existen unos principios esenciales que nos permiten vivir en armonía con nosotros mismos, con el mundo y con la divinidad. Y, aunque son simples, requieren un auténtico compromiso de nuestra parte:

• Sintonizarnos con la luminosidad y resonancia de nuestro corazón.
• Reconocer y vivir de acuerdo al rítmo de la naturaleza.
• Aprender a amar.
• Conectarnos con nuestro cuerpo y traer la energía del plano sutil a cada acto de nuestra existencia.
• Descubrir y aprender a leer nuestra propia energía para saber transformarla y nutrirla adecuadamente.
• Mantener viva la llama de la inspiración y la creatividad a lo largo de nuestra vida.

El fuego es el elemento, que, por excelencia, representa la vida espiritual. es la llama encendida en el corazón.

En la tradición védica, se acostumbraba entregarle al joven que llega a la adolescencia, un recipiente encendido que representaba el fuego sagrado, y a partir de ese momento, el joven debía cuidar de mantener encendido ese fuego. Ese mismo fuego era utilizado en el círculo ceremonial de su boda; y al final de su vida, de ese mismo fuego se tomaba la llama para la pira ceremonial de su incineración. El mismo fuego era pasado a su hijo. Esta es una hermosa metáfora del fuego interno que sostiene la vida.

Cuidar el fuego exige de nosotros entrega y devoción, y en especial conciencia, pues no debemos permitir que se apague, pero tampoco debemos descuidarlo de manera que se salga de control.

En tantra es frecuente encontrar que la conciencia es descrita como fuego. Recordemos también que nuestro cuerpo contiene todos los elementos del universo, los cuales son representados en cada uno de los chakras. También en nuestro cuerpo se expresan los rítmos del día y la noche, y el fluir de las estaciones. El clima externo es comparable al clima emocional cambiante. Nuestro cuerpo posee la densidad de la tierra, y la sutileza del espíritu.

Es el corazón el que conecta todo. Al bombear rítmicamente mantiene la vida de todo el organismo, mientras que energéticamente, su campo electromagnético nos conecta con los demás seres humanos. Es un cerebro que guarda nuestras memorias. Es el asiento de las sensaciones y emociones, y es el portal hacia los mundos internos. En la sabiduría oriental, el corazón es considerado el ojo de la sabiduría. Es el corazón el que sostiene las múltiples capas del misterio de la vida.

A lo largo del recorrido que realiza un practicante comprometido, nutriéndose de las tradiciones sagradas, y a la vez fundamentándose en conocimientos científicos contemporáneos, cada practicante puede incluir en su práctica cotidiana: mudras, mantras, meditaciones y contemplaciones que contribuyan a que accedamos al plano sagrado, que se encuentra en cada instante de la vida. Rituales y altares propios se pueden convertir en el sostén que requires en la vida para lograr tus aspiraciones, para sintonizarte con las estaciones, para profundizar en la intimidad de tu propio corazón.

¿CUAL ES TU LLAMADO INTERIOR?

Para poder reconocer nuestro llamado interior, necesitamos tener una práctica personal. Eso es yoga. Es el conjunto de prácticas que modifican nuestras actitudes, que afinan nuestras asperezas, que refinan nuestro temperamento, que depuran nuestra mirada, que destruyen el velo de ignorancia y que nos pueden ayudar a salir del hipnotismo en el que nos sumerge el mundo a través de sus condicionamientos.

Queremos descubrir una nueva manera de ver y de ser. Se requieren herramientas para enfrentar la fragmentación. En realidad, es recordar lo que esencialmente sabe nuestro cuerpo desde su sabiduría profunda. Al sincronizarnos con el fuego de nuestro corazón, reconocemos cuando requerimos descanso, interiorización y silencio para volver a gestar y a crear.

El yoga es un umbral de acceso a los rítmos de contracción y expansión de la vida, de inhalación y exhalación, de noche y día. Spanda, es el concepto sánskrito que expresa esa pulsación de la vida.

La práctica física de yoga, puede convertirse en una forma de orar, de celebrar la vida y de expresar nuestra creatividad y espontaneidad. Eso no implica que no require de profunda disciplina y atención, se necesita agilidad para mantenernos en sintonía con nuestra verdad, para aprender a escucharnos. A lo que en realidad aspiramos, es a vivir nuestro mayor potencial y dejar que eso que se expresa a través de nuestro cuerpo, trascienda hacia nuestra vida personal, a nuestra relación con la comida, con las personas y con la sociedad.

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